La muerte de Abu Al Zarqawi nos lleva a despejar algunas dudas que este mismo acontecimiento plantea, sobre su importancia en la Red Al Qaeda, y la forma en que esta misma opera en el mundo.
En primer lugar Al Qaeda no es un grupo terrorista; es una red de grupos terroristas (de hecho Al Qaeda significa "La Base"). Osama Bin Laden la funda a principios de los ´90 captando grupos que poseían gran experiencia en atentados terroristas, pero habían visto mermada su capacidad de financiamiento. Así capta grupos como Gamma Al Islamiya y Jijad Islámica Egipcia de Egipto, el Grupo Abu Sayyaff de Filipinas, los paquistaníes Jaamat Al Fuqra y Harakat Ul Muyaeidin, células políticas en Alemania, Gran Bretaña y EEUU, el Grupo Islámico Armado de Argelia, entre otros. El grupo liderado por Abu Al Zarqawi era solo una célula local en Irak. Antes Al Zarqawi había desempeñado dentro de Al Qaeda el cargo de "planificación de atentados".
Al Qaeda no es una organización "piramidal" del tipo militar, con una estructura de mando verticalista, sino, horizontal, es decir, cada grupo actúa en forma independiente, basándose en las premisas que Bin Laden presentó en su Fatwa (proclama con rango de decreto religioso) de febrero de 1998:
- Detención de los bombardeos a Irak
· Destrucción del estado de Israel (a pesar que nunca atentó en forma directa contra este Estado, postura que los palestinos le reclaman)
· La prostitución de su patria (Arabia Saudita) por parte de los norteamericanos
· La partida de las bases norteamericanas en el medio oriente
Es por eso que este hecho hay que medirlo en su justa medida: Abu Al Zarqawi será reemplazado inmediatamente sin prejuicio para su causa en Irak, además de que debemos esperar importantes represalias en la región por parte de los grupos rebeldes.
Otro capítulo lo merece Jordania e Irán. Jordania, aliado estratégico de los Estados Unidos, lo había condenado a muerte en ausencia y posibilitó, a través de una ayuda de inteligencia, el dar la posición del líder rebelde para ser atacado. Esto puede generar represalias en ese país por células de Al Qaeda en corto tiempo
En el caso de Irán, Al Zarqawi por ser sunita y opositor acérrimo de los chiítas (la mayoría de ellos en Irán) generó en su momento una alianza táctica y de conveniencia de este país con los EEUU para lograr su destrucción. Logrado el objetivo pro ambas partes, ya nada detiene a que la situación entre Irán y EEUU se debilite por el programa atómico iraní.
¿Quien era Abu Al Zarqawi?
Tenía 39 años. Había nacido el 20 de octubre de 1966 en la ciudad jordana de Zarqa. Era también conocido como Ahmed al-Khalayleh. Poseía un prolongado vínculo con los altos líderes de Al Qaeda y aparentemente gozaba de un alto prestigio en esta organización terrorista y tenía una estrecha relación con Osama Bin Laden y Saif al Adel (este último se cree que está afiliado a la Yihad Islámica egipcia, que es un importante miembro de Al Qaeda y que actualmente se encuentra en Afganistán)
Según EE.UU., era el líder de Al Qaeda en Irak, y el hombre más buscado en ese país.
Más que discípulo de Bin Laden, Zarqawi era un rival. El mismo número 2 de Al Qaeda, Ayman Al Zawahiri, lo combatía constantemente por no aceptar órdenes ni sugerencias y ser "demasiado independiente". Lo cierto es que el grupo que él lidera se atribuyó varios de los atentados más sangrientos en Irak tras la ocupación de los Estados Unidos.
Abu Musab al-Zarqawi tenía fama de despiadado, y de haber realizado en persona por lo menos dos de las decapitaciones ejecutadas por su grupo, entre ellos
el contratista estadounidense Nick Berg en un video transmitido el 11 de mayo del 2004.
Zarqawi fue sentenciado a muerte en ausencia en un tribunal jordano por planear ataques contra blancos estadounidenses e israelíes en el reino. En España también se investiga la posibilidad de que haya estado detrás de los atentados del 11 de marzo de 2004, que cobraron la vida de 191 personas.
Era un experto en armas químicas, y fue entrenado en el uso de toxinas.
Se cree que ha viajado extensamente desde los ataques del 11 de septiembre. Entre los países que habría visitado se incluye Irán, Irak, Pakistán, Siria, Líbano y Turquía.
Se cree que estuvo detrás de todos los grandes atentados con coche-bomba como el perpetrado contra la sede de Naciones Unidas en Bagdad. Además, fundó el grupo Al Tawid que intentó hacer volar un hotel en Amman en noviembre pasado. Estaba relacionado con grupos radicales jordanos y se cree que entro en Irak recién en junio de 2003, un par de meses después de la invasión estadounidense a ese país.
Eduardo F. Martinez
Periodista. Analista en Geopolítica
Estimados compatriotas de Prensa Nacional Alternativa:
Desde el inicio de las hostilidades entre Israel y el movimiento terrorista Hizballah, este especialista ha anticipado cuál sería el curso previsible de los acontecimientos en sucesivos boletines y entrevistas en radio, TV y la prensa escrita. La mayor parte de las entrevistas pueden ser encontradas mediante buscadores en Internet, o solicitadas a los canales de TV y programas radiales del país en que fueron realizadas.
Como tales boletines pueden ser requeridos a cualquiera de las direcciones de correo electrónico arriba mencionadas o a las que aparecen como remitentes, esta emisión abarcará tales antecedentes de manera más ampliada, a efectos de abordar los problemas que tal vez deberá enfrentar el mundo en Medio Oriente y que pueden tener las mismas características y efectos de una “tormenta perfecta”.
Esto lleva a recordar también las raíces del actual conflicto, concatenados con otros anteriores, de similar o mayor intensidad, y que frente al oscuro panorama que se observa en los casos de Irak, Irán y Afganistán, permite avizorar la expansión y conexión territorial de las guerras existentes y por declararse en esas inmensas regiones, creando un gran teatro de operaciones, en el que no faltarán conflictos interétnicos e interreligiosos.
Son estos los estallidos que podían ya preverse con los crujidos del desmembramiento del bloque comunista soviético, la parición del “nuevo orden internacional” primero y del proyecto hegemónico después por parte de EE.UU., con el agravante de la visión hegemónica del poder mundial impulsada por el Gobierno de George W. Bush a partir de los ataques del 11 de septiembre de 2001.
La campaña militar en Afganistán, dirigida a derrocar al gobierno del Talibán y a sus socios de Al-Qaeda, que fue seguida por la ilícita e ilegal invasión, ocupación e instalación en Irak de un régimen títere de la Casa Blanca, ha sido interpretada por el régimen de los ayatolás de Teherán como un paso previo al intento de terminar con ellos, de la misma manera en que se hizo con Saddam Hussein pocos años atrás.
¿Solamente para apoderarse del petróleo de Medio Oriente y lograr así pingües ganancias para las corporaciones petroleras multinacionales, como denuncian las escuelas y voceros marxistas e izquierdistas?
Contestar esa pregunta con un rotundo sí sería caer en el rotundo reduccionismo de una realidad absolutamente más compleja, como es el proyecto norteamericano y de sus aliados de apoderarse por la vía violenta de las fuentes de energía en explotación o yacientes en los ensangrentados arenales del Medio Oriente, con miras al control de esos recursos durante las próximas décadas, como parte vital constitutiva del proyecto de poder global propio de la agenda hegemónica de los EE.UU., con los rasgos característicos de la presidencia de George W. Bush.
Es que no puede haber control mundial definitivo si no se someten al poder hegemónico los grandes actores globales que EE.UU. contempla como una amenaza contra su dominio planetario: China, por sobre todo China, por la dimensión del desafío político, económico y militar que representa; como también la India, que requiere asimismo torrentes de petróleo para acompañar sus planes estratégicos de crecimiento industrial.
El control del petróleo sería una formidable herramienta para doblegar no sólo el crecimiento de los gigantes mencionados y asimismo Brasil en un futuro más lejano, sino también a los mismos Estados europeos y Japón, que formarían filas a las puertas de la Casa Blanca para ganarse la benevolencia de Washington y sus potencias asociadas y con ellos la cobertura de sus necesidades energéticas.
Lo que sucede en Líbano es parte -en consecuencia- de una guerra entre actores muy visibles y otros que no lo son tanto, cuyo objetivo, proclamado por George W. Bush y Condoleeza Rice, su Secretaria de Estado, es aprovechar esta carnicería que se desarrolla en el Líbano, expandirla a toda la región y disolver los poderes existentes para concentrarlos con nuevas formas e instituciones, coherentes con los planes mundialistas de disolución del Estado-Nación avasallado por la globalización y el globalismo desenfrenado al cuál nos estamos enfrentando.
Palabras más, palabras menos, diseñar un nuevo “Medio Oriente”, edificado sobre las premisas del capitalismo salvaje y de la democracia liberal al estilo norteamericano, cuyos resultados pueden verse a la vista en los sangrientos arenales y pantanos de Irak; proyecto que -claro está- solamente puede edificarse sobre las ruinas de viejas civilizaciones, culturas, tradiciones, pertenencias religiosas y étnicas que la superpotencia jamás se ha sentido obligada siquiera a observar y mucho menos a respetar. Sin observación, decía un prestigioso militar norteamericano, no puede existir una correcta orientación ni tomar decisiones que permitan pasar a la acción con chances de alcanzar los objetivos deseados.
Ni la trágica experiencia de Somalia, en que bandas de guerrilleros sometieron a la peor de las humillaciones a las fuerzas estadounidenses, ha enseñado a este país -y parece que tampoco a Israel en el conflicto actual contra el Hizballah- a aprehender las reglas de oro de las dinámicas no lineales de la guerra y las estrategias y tácticas operacionales propias de las asimetrías a las que recurren fuerzas irregulares, sean insurgentes, terroristas o una combinación de ambas, tal el caso de Irak.
Partiendo de las premisas expuestas, puede entonces bajarse a escenarios como los del Líbano, que acaparan y acapararán nuestra atención durante mucho tiempo.
Sólo cabe recordar lo principal de los puntos expuestos anteriormente sobre la contienda actual:
Irán activa -o da su consentimiento- al movimiento Hizballah para lanzar una provocación a Israel y lograr que este país respondiera a la agresión tal cuál como lo hizo: proclamando que su objetivo era rescatar a sus soldados capturados, aunque desde el inicio y por la convocatoria a sus reservas demostró que su verdadero plan era prepararse para una campaña mayor. Campaña que abarcaba todo Líbano, teniendo como horizonte terminar -gracias al esperado pretexto- con el actor subestatal que acababa de desafiarlo. Actor con representación en el Parlamento y el Gobierno del Líbano, que cuenta con un ala militar endurecida, adoctrinada, entrenada, financiada y armada por Irán, desde el momento mismo de su creación, con la misión de instaurar en el Líbano un Estado islamista chiíta espejo del que fundara en Irán el ayatolá Ruhollah Jomeini. Milicia con un partido político -como instrumento que le da ventajas y legitimidad constitucional- que ha hecho del terrorismo una de las armas más importante de su proyecto de poder.
Además:
La aparición de nuevos sistemas de armas en manos del Hizballah, incluyendo misiles antibuque, como el subsónico C-802 de origen chino, entregado a esta fuerza por Irán y que impactó en una corbeta antimisilística israelí, desplegada frente a las costas del Líbano para proteger al resto de la flota de mar en operaciones de ese tipo de ataque. Una sorpresa en materia de nuevas tácticas operacionales para Israel, que seguramente obligará al Estado judío a modificar su doctrina en el futuro inmediato.
Los miles de misiles pertenecientes a familias de origen chino, norcoreano e iraní, que fueron en algunos casos desarrollados en conjunto por estos países, incluyendo algunos como el Zelzal-2, que puede alcanzar blancos considerados vitales en el corazón de Tel Aviv y otras ciudades claves de Israel, planteando un desafío geopolítico de graves proporciones.
No debe descartarse que alguno de ellos pueda portar cargas químicas, biológicas o binarias. En el caso de este misil, el Hizballah necesita un permiso concreto de Irán para lanzarlo contra un blanco como Tel Aviv, porque esto podría transformarse en un casus belli que permitiría desencadenar un ataque contra los centros nucleares, militares, navales y aéreos y cerca de 10.000 blancos iraníes, que presumiblemente han sido ya designados conjuntamente por los EE.UU. y/o el Estado de Israel.
Un capítulo aparte y digno de investigación será el origen de ciertas armas de origen occidental e inclusive estadounidense en manos del Hizballah.
El “orden de batalla” montado por el Hizballah, consistente en una red de fortificaciones subterráneas, cerradas por dentro, reforzadas en muchos casos con concreto y acero, esparcidas asimétricamente para aprovechar las ventajas de los futuros teatros de operaciones principales: frontera del sur con Israel, el Valle de la Bekaa y los suburbios de Beirut. Estas fortificaciones cuentan con el material bélico, alimentos, agua, medicinas, etc., asignado a cada unidad para que luche hasta el final sin necesidad de reabastecimiento alguno, lo cuál era considerado como inviable dada la esperada ofensiva aérea del Estado de Israel. Cada una de esas unidades tiene asumido que sus misiones son de tipo suicida, y su deber es infligir al enemigo israelí el mayor daño y cantidad de bajas posibles.
La estrategia israelí de degradar la capacidad operacional del Hizballah por vía de los ataques aéreos, jamás podía lograr el objetivo de dejar totalmente fuera de combate a la fuerza enemiga, si no se desarrollaban avances con fuerzas especiales y especiales en el terreno. Esta ofensiva quedó insinuada a partir del momento en que fueron llamados miles de reservistas, adelantado en boletín anterior de este especialista pocos minutos después de emitida la convocatoria. La ofensiva terrestre -de tipo secuencial- era parte de una estrategia claramente establecida a priori por Israel, a efectos de localizar e intentar destruir la cadena de fortificaciones mencionadas, muchas de ellas situadas bajo edificios donde habitan civiles inocentes, a sabiendas de la gritería internacional que ocasionarían esos ataques a concentraciones de blancos humanos.
Los ataques de Israel contra emplazamientos atestados de civiles inocentes
-información que no podía desconocer porque forma parte de una de las tácticas
más conocidas del Hizballah- resultan bajo todo punto de vista un insulto a toda
norma internacional y de derecho humanitario en vigencia para tiempos de
guerra. Una vez que las hostilidades culminen, debería ser una prioridad para los tribunales penales internacionales la investigación y juzgamiento de los altos mandos israelíes responsables de ordenar esos ataques. Cierto es -como afirma el Primer Ministro de Israel Ehud Olmert- que Occidente no tiene autoridad moral para condenar que se tome a civiles como blancos, luego del asesinato masivo de 10.000 inocentes en Kosovo, con motivo de ataques aéreos indiscriminados. Nada puede sorprender sin duda, luego que los EE.UU. hicieron de Hiroshima y Nagasaki los mayores atentados terroristas de toda la historia, porque estuvieron dirigidos directamente contra la población civil, con el objeto de quebrar la voluntad política y militar de lucha del imperio japonés. Y esto, para la doctrina moderna de quienes estudiamos este tipo de fenómenos, en nada se aparta del concepto que anima a movimientos como Al-Qaeda y el Hizballah, en cuanto a segar todas las vidas inocentes que hagan falta para cumplir con sus agendas políticas globales, regionales y locales, según el caso.
Una guerra contra un enemigo terrorista que hace uso de tácticas asimétricas, al que poco importa la vida de sus conciudadanos libaneses y hasta la de inocentes de su propia secta -en este caso la chiíta-, de manera alguna justifica o hace siquiera comprensible la espantosa brutalidad con que el Alto Mando de Israel ha desarrollado las hostilidades hasta el momento.
¿La razón de tanta crueldad?: una de ellas es que la vida de un soldado israelí, que eligió una profesión que implica hasta dar la vida muriendo en combate, vale más que la de cien niños, mujeres o ancianos que pudieron salvarse mediante el riesgoso desarrollo de operaciones especiales y de reconocimiento, que aseguraran dónde deberían ser dirigidos o no sus ataques aéreos y de artillería y proceder con operaciones comando -como algunas desarrolladas ahora- que restringen los llamados “daños colaterales” a civiles inocentes.
¿Alguna otra razón?: si se suman esos ataques a la destrucción de la infraestructura civil del Líbano, dejando a toda su población frente a un desastre humanitario de gravísimas proporciones, esto podría representar también una advertencia a Irán, Siria y a la Autoridad Nacional Palestina -entre otros países-, sobre cuál sería el catastrófico resultado de desafiar a Israel y a su principal aliado y sostén: los Estados Unidos de Norteamérica.
Conclusiones
El curso actual de la guerra, visto todos los puntos arriba mencionados, parece encaminado a interconectarse aún más con el conflicto entre Israel y los territorios palestinos y la explosiva situación en Irak, cuadro al que podría sumarse Siria si es agredida gracias a un plan como el establecido por EE.UU. para derrocar a Saddam Hussein.
No resulta ocioso reiterar en ese caso que el derrocamiento del presidente seglar y laicista sirio Bashar Al-Assad, pondría a Israel frente a unos de sus peores escenarios: el resurgimiento de los grupos islamistas sunnitas afines a los Hermanos Musulmanes, HAMAS y tal vez también a Al-Qaeda, quién no ha prometido aparecer en escena para defender al martirizado pueblo libanés o a los palestinos, sino simplemente a competir por el liderazgo del islamismo global y regional con Irán y el Hizballah y el eje persa-libanés chiíta- en formación.
Hasta el momento del cierre del presente boletín, no puede considerarse -dada la lluvia de misiles descargada sobre ciudades de Israel por los milicianos del Hizballah- que Israel haya recuperado la iniciativa estratégica de la que goza este movimiento en su guerra asimétrica contra el Estado judío. Esto ha causado una importante cantidad de bajas de civiles judíos inocentes, aunque no en la dimensión que sufre el Líbano, gracias tal vez a que el tipo de misiles y cohetes empleados hasta ahora por el Hizballah no ha tenido un poder destructivo proporcional a la enorme cantidad de unidades lanzadas.
Por el contrario, solamente puede verificarse una mayor y progresiva destrucción de la infraestructura del Líbano, un creciente éxodo de sus ciudadanos, más muerte de civiles inocentes, frente a una comunidad internacional que no desea -en algunos casos- ni atina -en otros- a ofrecer soluciones concretas y duraderas a esta interminable masacre de inocentes.
Desde el punto de vista de las operaciones militares, los ataques terrestres llevados a cabo secuencialmente por las fuerzas judías en lo más profundo del Líbano, encuentran una fiera resistencia allí donde se enfrentan con los milicianos del Hizballah, que surgen de sus refugios armados hasta los dientes y con armas antitanques y fusiles modernos, reduciendo cada vez más el margen de tiempo que EE.UU. está otorgando a Israel con el objeto de degradar al máximo posible la capacidad operacional de esa organización.
El objetivo máximo, que es atacar el valle de la Bekaa y destruir o neutralizar la infraestructura del Hizballah, sus depósitos de misiles, armas y municiones, parece continuar en la mira de Israel, que para ello estaría preparando una invasión masiva de esa región, aunque tal vez para salir de inmediato y evitar estancarse en el lugar enfrentando la guerra de desgaste que, al estilo de Irak, pretende librar la milicia libanesa, expandiendo si es necesario el conflicto e impidiendo el despliegue de una fuerza militar multinacional.
Con el sellado de toda comunicación entre Líbano y Siria, Israel parece cumplir con el doble objetivo de asegurar al régimen de Bashar Al-Assad que no avanzará sobre Damasco en caso de un ataque masivo en el valle de la Bekaa, y al mismo tiempo asegurarse de no dejar un flanco vulnerable a las fuerzas blindadas sirias. Claro está que queda en pie el formidable poder aéreo y misilístico de Israel, si Siria atina siquiera a encender un solo motor de sus unidades de combate aéreo.
El escenario que plantea el Hizballah aparece como claro, e incluye la continuación de operaciones terroristas en Israel o de ataques con misiles a blancos de ese país, a efectos de obligar a que sus autoridades se vean obligadas -sin fuerzas de contención de por medio- a desarrollar operaciones de contrainsurgencia y contraterroristas en territorio libanés, con el desgaste que ello supondría para las fuerzas del Estado judío, no sólo en vidas humanas sino también en el campo económico.
La diplomacia al más alto nivel internacional, solamente ha logrado hasta hoy presentar un proyecto de borrador que ha sido ya rechazado por el Líbano, por el Hizballah e incluso por algunos Estados árabes moderados, que ven este instrumento como un triunfo para Israel, mientras que otros afirman que una victoria del Estado judío tendría corta vida, habida cuenta que para estos continúa la “ocupación” y la “opresión”.
La guerra continuará sin lugar a dudas, salvo que Israel y EE.UU. se rindan ante la evidencia de que al día de la fecha, el movimiento Hizballah se está alzando con el triunfo político, estratégico, militar y de acción y guerra psicológica, donde las opiniones de y en los medios de comunicación están contra Israel a escala global, incluyendo la firma de numerosos intelectuales y periodistas judíos.
Es por ello que resulta previsible que no exista un alto el fuego y una fuerza de contención, a menos que la situación actual descripta como un triunfo para el Hizballah sea aceptada por EE.UU. e Israel.
Derrota que de ser trasladada a los hechos, produciría un catastrófico efecto dominó entre y en países musulmanes aliados de Occidente, que deberían enfrentarse a fuertes presiones internas de movimientos extremistas, los cuales percibirían una “salida” de ese tipo a la crisis libanesa como un signo de debilidad de Israel y sus aliados. También, que ha llegado el momento indicado para terminar finalmente con la existencia del Estado judío, como proclama desde hace tiempo el Presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad y la clerecía chiíta islamista de Irán, al igual que sus archienemigos yihadistas afiliados a la agenda global de Al-Qaeda y su red de organizaciones adheridas.
Medio Oriente, sin lugar a dudas, se encamina inexorable pero de manera alguna lentamente, a una especie de TORMENTA PERFECTA que habrá de arrasar toda la región y las vecinas de Asia y Africa, si finalmente se expande el conflicto libanés y palestino con Israel, se degrada aún más la situación en Irak y Afganistán, se derroca al régimen secular sirio, y se intenta atacar los centros de energía y de desarrollo nuclear de Irán.
Los escenarios que pueden trazarse a partir de estos hechos “portadores de futuro” que se desarrollan en la arena mesoriental, serán sin duda materia de estudios y comentarios posteriores por la situación del momento en esas regiones.
Situación que por sus potenciales derrames podría conmover los cimientos de Ibero América, habida cuenta de la intersección de agendas entre algunos de los principales actores estatales y no estatales mesorientales y la de gobiernos como los de Venezuela, Cuba y Bolivia y formaciones como las FARC de Colombia, el narcoterrorismo y el crimen transnacional.
Coordinar tareas con los países vecinos para controlar esos flagelos y evitar que se monte un casus belli para una intervención militar directa de los EE.UU. en la región, es una responsabilidad que debe asumir el Gobierno Nacional, quien se encamina a convertir a la Argentina en un Estado fallido más entre aquellos que ya han caído en esa condición a lo largo y lo ancho de la aldea global en que vivimos, degradando la capacidad operacional y la moral de sus fuerzas armadas, de seguridad y policiales, último bastión de nuestra continuidad histórica como nación independiente.
Muy atentamente.
HORACIO CALDERON
Experto en Medio Oriente y Africa del Norte
Especialista en Contraterrorismo